La otra Australia – la autócrata, la tirana

27 de abril (2016), segundos antes de prenderse fuego a sí mismo, Omid Masoumali gritó a los funcionarios de las Naciones Unidas que visitaban el campo de concentración australiano de la isla de Nauru… “esto les demostrará lo cansados que estamos, no puedo soportarlo más”…

“Cada quien habla como le va en la feria”… me han dicho y escrito sarcástica y soberbiamente algunos detractores –aquellos que se presumen bendecidos por la tierra de Oz- de mi quehacer periodístico pero, ¿qué pasa con aquellos que han sido acallados de un modo inhumano?, ¿quién debería hablar por ellos?

Los campos de concentración del gobierno australiano son una realidad innegable, podemos cerrar los ojos ante las protestas en las calles, podemos incluso mirar hacia otro lado cuando encontramos las pintas y las mantas que exigen la inmediata evacuación de las islas de Manus y Nauru, cuando las redes sociales estallan en consignas y reclamos e insultos en contra de un gobierno tirano y fratricida, sí, podemos ignorar por completo todo aquello que aquí sucede, pero cada amenaza, cada golpe, cada violación, cada abuso perpetrado en el interior de estos campos, es una vejación más a la humanidad y una falla terrible, casi titánica de un régimen intolerante, abusivo, infantil y desapegado por completo, del concepto de humanitarismo.

#EvacuateManus

La isla de Manus está ubicada a casi mil kilómetros al norte de Australia, en el territorio de Papúa Nueva Guinea, durante los últimos 5 años, como parte de una política del gobierno australiano para disuadir a los refugiados que pretenden alcanzar sus costas, alrededor de 770 personas han sido detenidas y confinadas ahí bajo condiciones infrahumanas.

En 2016, el gobierno de Papúa declaró al centro de detención de esta isla como ilegal ante la evidencia de las numerosas violaciones a los derechos humanos que esto significa pero hasta el momento, su operación continúa vigente y el gobierno australiano no ha resuelto su cierre.

Foto: Sam Castro

Foto: Cristina Sánchez

Ciertamente, el asunto de los refugiados no es sencillo de manejar, bien podría representar un riesgo para todas las naciones y requiere –nos guste o no- un tratamiento quisquilloso y controlado, pero resulta injusto, perverso e incoherente, que un país que se jacta de poseer una modernidad envidiable, no haya dejado de lado estas prácticas sanguinarias y desalmadas, porque estos “campos de prisioneros”, estas surrealistas e injustificadas galeras no son cosa nueva para esta babilónica nación, debemos recordar que durante la primera y la segunda guerras mundiales, Australia construyó campos de concentración, prisioneros e internamiento, a lo largo de su territorio:

Construidos durante la primera guerra mundial

Cowra (Nueva Gales del sur)
Enoggera (Queensland)
Harney (Australia occidental)
Hay (Nueva Gales del sur)
Holsworthy  (Nueva Gales del sur)
Loveday (Australia meridional)
Rottnest island (Australia occidental)
Tatura (Victoria)

Construidos a partir de 1939

Bathurst (Nueva Gales del sur 1939)
Long bay (Nueva Gales del sur 1939-40-41)
Orange (Nueva Gales del sur 1940-41)
Dhurringile (Victoria 1939-40)
Parkeston (Australia occidental 1942)

Exclusivos para prisioneros de guerra

Yanco (Nueva Gales del sur)
Murchinson (Victoria)
Mayrtleford (Vuctoria)
Marrinup (Australia occidental)
Brighton (Tasmania)

*Fuente: Exordio.com

http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/campos/campos-en-australia-1.html

http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/campos/campos-en-australia-2.html

http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/campos/campos-en-australia-3.html

Foto: Awale Ahmed

Desafortunadamente, ante el sinnúmero de protestas encabezadas por civiles y organizaciones no gubernamentales de talla internacional, el gobierno no ha demostrado un legítimo interés por mejorar las condiciones de sus actuales campos

Los campos de concentración en números

La otra Australia, aquella de la que todos deberíamos estar hablando, aquella que dista demasiado del paraíso laboral, educativo, económico y vacacional que engañosamente nos venden a diario, gastó alrededor de 2 mil 700 millones de euros entre el 2013 y el 2016 para mantener a los refugiados lejos de su territorio y se estima que gastará otros mil 400 millones hasta el 2020, dinero más que suficiente para tratar el asunto de una manera inteligente y humana, es decir, menos tirana.

El costo anual promedio (por detenido) en los campos de detención, ronda los 160 mil euros, mientras que, bajo el esquema de la ‘Bridging visa’, no superaría los 8 mil.

Es decir que, aparentemente, esta política de cero tolerancia, bien podría ser comprendida como un lucrativo negocio (para algunos cuantos), que como una legítima ‘defensa’ de la soberanía nacional.

Foto: Cristina Sánchez

Por fortuna, no todo está perdido porque, sorprendentemente, la opinión pública con respecto a esta situación es creciente, a un grado tal, que el pasado mes de Noviembre, las manifestaciones en contra de estos campos consiguieron poner en alerta a las autoridades gubernamentales, mismas que -de manera incoherente- prefirieron desplegar sus instrumentos represivos para mantener a los manifestantes a raya, que involucrarse honesta y atinadamente en una gestión adecuada que resulte en soluciones y no, en el actual desbordamiento mediático negativo –realista mejor dicho- que solo conlleva a un desprestigio –muy merecido- administrativo de alcances globales.

Esta es pues, una más de las verdaderas caras de esa Australia con la que todos, por ignorancia, hemos soñado pisar alguna vez, esa misma que ya se encuentra sumergida –casi idiotizada- en sus excesivas celebraciones navideñas que solo consiguen –convenientemente para quienes la administran y la sostienen- distraer a la población de lo que verdadera y humanamente debería resultar relevante… combatir la autocracia, defendernos de la tiranía y darle voz a quienes de verdad lo merecen.

Sí, cada quien habla de cómo le va en la feria pero nadie se preocupa en realidad, por prestar atención a lo que los dueños de la feria intentan ocultar, entonces… ¿verdaderamente es esta tierra un modelo a seguir?

Antonio Andrade / Escritor mexicano
Fotografías: Antonio Andrade, Cristina Sánchez, Awale Ahmed, Lee-Anne Lupton y Sam Castro
Melbourne – Australia

Foto: Lee-Anne Lupton

Foto: Cristina Sánchez

 

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