El respeto al rodar ajeno

Andar en bicicleta es grandioso a cualquier nivel, de eso no me queda la menor duda y aunque per se, el ciclismo implica ciertos riesgos que deben ser considerados dignos de observancia por quienes lo practican, la conciencia ciclista debe estar presente en la mente de todos –peatones, deportistas, automovilistas y autoridades-, ya que el mayor riesgo al asecho del gremio velocipedista, recae principalmente en quienes conducen un automotor.

Desde una percepción personal, las campañas de concientización hacia quienes circulamos en dos ruedas, están mal enfocadas a partir del momento en que se basan en reclamos e imposiciones “yo respeto al ciclista, cuida la vida, etcétera” y no pretenden en ningún momento, generar ese ambiente de cordialidad que realmente urgimos.

No es difícil escuchar historias negativas desde todos los bandos, este se queja del pedalista que circula sobre la acera irrespetuosamente y del inculto automovilista que invade los cruces peatonales con su cachivache, aquél despepita en contra del peatón que se atraviesa las calles casi a ciegas sin pensar en la fatalidad que un bicicletazo puede provocar y del motorista que, sintiéndose dueño de todo lo que huela a asfalto, decide ignorar cualquier tipo de vida a su alrededor, y este, por último, no termina de quejarse por el sin fin de caminantes que atrofian su camino, cuando ya está descosiéndose en mil y un vituperios contra cualquier biciclo que pudiera atravesarse ante sus ojos.

No hemos alcanzado a comprender que, al igual que en la naturaleza, a veces somos los más fuertes y a veces los más débiles, no nos hemos creído el papel del hermano mayor, no salimos a divertirnos procurando convivir con el prójimo, salimos a librar una indecible lista de batallas que, -si lo analizamos adecuada e inteligentemente- hemos perdido incluso antes de que iniciaran.

Mientras las ciudades y los gobiernos primermundistas dedican infinidad de recursos a la adecuación de sus vialidades e infraestructura urbana en pos del fomento al uso de la bici como medio de transporte cotidiano, los pertenecientes al rubro ‘países en vías de desarrollo’, han mal enfocado sus esfuerzos en lo tocante al tema, hacia la solución de la problemática que el crecimiento desmedido de ciclistas representa y no, hacia su beneficio.

Partiendo de esta línea, el fomento de la sana convivencia es responsabilidad de todos, resulta sencillo si se considera desde el ángulo correcto, solo debemos enseñarnos a respetar las reglas viales preestablecidas, debemos educarnos en la tolerancia –ni tanto que queme al santo, ni tanto que lo atropelle, simple y llana tolerancia a secas- y principalmente, debemos aleccionar con nuestro correcto proceder, a las generaciones venideras que, finalmente, serán ellas quienes harán de este un mundo mejor o peor, según lo que les sembremos.

¿Cómo puedes exigirle a tus hijos rectitud si no hace mucho huiste cobardemente tras atropellar a un ciclista o a un peatón?, ¿Con que cara le exiges a cualquiera que respete las leyes de tránsito si ni siquiera tienes la capacidad de respetar el espacio estipulado para rebasar a los más vulnerables?, ¿Cómo te atreverías a reclamar cualquier tipo de inconveniente o abuso si formas parte integral de la podredumbre vial?

El respeto al rodar ajeno es la paz, y si, si se salvan vidas conduciendo con responsabilidad.

Antonio Andrade

bannpiedemarraje

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