De cierres viales, ignorancias y barbarie

Se ha discutido bastante –que nunca suficiente- sobre el cierre de vialidades a favor de los ciclistas, el gremio de automovilistas desconformes con estas medidas es nutrido aún y, en mi papel de ‘abogado del diablo cletero’, no puedo hacer menos que entenderlos y tratar de justificarlos ¿cierto?

El automovilista es una especie dominante, lo toma todo y no da nada a cambio –como los 300 de Leónidas pero cubierto de smog-, es un depredador consumado, se expande viralmente por avenidas, calzadas, callejuelas e intersecciones, nunca descansa, cuando no está uno detrás del volante, es el otro, o su vecino, o su pariente, cree tener siempre la razón, nadie se atreve a poner en tela de juicio su supremacía, fue creado a imagen y semejanza de todo lo malo que podamos imaginar –aplausos por favor-

Al igual que con las demás especies, el automovilista tiene sus puntos débiles, sus devastadores –por así llamarlos-, la soberbia, por ejemplo, los lleva a creer que son tan únicos e irrepetibles, que terminan por generar el caos, la histeria colectiva, el pandemonio urbano (del griego ‘pan’ = todo, y ‘deimonion’ = demonio, -cultismo acuñado por John Milton en 1667 para referirse a un palacio en el medio del infierno- y, ‘urbis’ = ciudad), el desinterés, también, les nubla la visión de un modo tan vulgar y primitivo, que cuando menos te lo esperas, ¡cuaz!, el conflicto, el atropello, la pugna por tan solo dos metros más de avance, el impacto… la confrontación.

Pero el depredador principal de tan impactante, autodestructiva e improductiva especie, se llama ignorancia –IGNORANCIA se leería en mayúsculas-, porque, cegados en el oscurantismo y la barbarie automotor, desconocen el peligro –PELIGRO se leería en mayúsculas- que representan para cualquier otro ser vivo cercano a sus chirimbolos, incluso para su misma especie y para sí, como individuos.

Por eso es motivo de celebración y gozo cuando uno de ellos –al menos uno-, desencajado por completo ya de su sentido humano, decide colgar las llaves y desempolvar los zapatos tenis, hacerse de un biciclo, o extraviarse entre las interminables tribus usuarias del transporte colectivo, porque un automovilista menos, significa una oportunidad más de vida para muchos. De ninguna manera estoy –oh querido leedor- proponiendo despoblar las ciudades de automóviles –aunque sería lo ideal-, lo urgente es reeducarlos, mostrarles que hay muchas otras alternativas -incluso más cómodas, más saludables, más eficientes y económicas-

Debemos entender que no es el status lo que viaja dentro del automóvil, sino un ser culto o inculto, educado o deseducado, cívico u oligofrénico, humano o atroz, con nombre y apellido, con amigos y enemigos –decisión de cada quien-

Pero, ¿Qué decía yo de las ciclovías recreativas y los cierres viales?, ah sí, claro, que debemos fomentar su uso y respetarlos –RESPETARLOS se leería en mayúsculas.

Antonio Andrade

bannpiedemarraje

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