Esas Torres

ZONA-2-SATELITE-F2-copiaSe sucede a veces tanto con el roce de los años que, cuando menos cuenta alcanzamos a darnos, los recuerdos ya dejaron de lado los nombres y los rostros, las vivencias se perciben brumosas y eso que nos definió por mucho tiempo, se descubre diluido, quizás decolorado. Hacía tiempo que no me detenía a observar ‘las Torres’ y, así como siempre se las gasta, fue la vida, por medio de sus truculentos coincidires, quien me puso nuevamente a sus pies. Nunca las he atesorado –debo confesar-, pero siempre busco de manera horizontal ya sus colores, ya sus texturas o sus sombras, porque siempre me han sabido a hogar, a bienvenidas, a familia y a regresos, porque muy por encima de todo cuanto ocurre y se desata alrededor de su solemnidad, mucho de lo más encomiable y sublime que me ha dejado el destino principió o concluyó bajo su tutela.

Esas Torres me reimprimen cada abrazo desde la tristeza de mi abuela, cada malogrado intento desde la aspereza de mi padre, cada cabizbajo petricor de una derrota nueva, cada punto suspensivo en charlas que olvidé por decisión o por descuido, y en ocasiones –casi en cada nuevo vistazo- me recalcan que una vez, como quien pierde por completo una batalla, conocí la oscuridad. Yo también fui sateluco alguna vez, sobre todo cuando ella sonreía entre mis brazos, cuando aún no comprendía que no existe nada en esta vida, de lo que podamos escapar.

Fotografía: Jorge Álvarez
Texto: Antonio Andrade

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