Aquel viejo sateluco

ZONA-2-SATELITE-F2Hace tiempo que Satélite empezó a estarse cansado, sus banquetas ya no son las mismas de antes, ya no suenan a visitas, a carreritas, ni a pedales, los balones y las roñas y los pleitos y los primeros besos fueron extirpados implacablemente de sus parques, sus niños crecieron y comenzaron a mudarse, otros enfermaron de arrogancia y se volvieron parte de un paisaje atiborrado de oficinas desangeladas y cuentas por pagar y horarios limítrofes y tránsitos cargados, desde donde juegan a adueñarse de todo aquello que les sea posible, porque necesitan algo que se apellide urgentemente suyo… aunque sepa a tan poquito.

Muchos caminaron bajo la sombra o de la mano de sus padres, otros muchos se sentaron a la mesa de los abuelos, sortearon más de una vez su orografía en dos ruedas –algunos aún se lo permiten de vez en cuando-, chocaron varias copas, cruzaron miradas e incluso, transitaron sus resguardos cabizbajos.

Yo he recorrido muchas calles, quizás más de las que pude imaginar alguna vez, he dejado migajas de pasos en tantos rincones que, sin temor a equivocarme… comencé a olvidarlos, pero de una manera u otra, el mejor pretexto de encontrarme nuevamente aquí, enredado entre circuitos, angostillos y pasajes, siempre termina por alcanzarme, no puedo decir de mí que siempre he sido sateluco, estaría mintiendo, pero también fui parte de sus filas, besé algunas de sus bocas –quizás más de las que convendría acordarse- y sin siquiera intentarlo, todavía me recojo entre sus noches, para envejecernos y dejar de lado, muy despacio… lo pasado.

Fotografía: Jorge Álvarez
Texto: Antonio Andrade

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