Tomé un café con Papá

Alguien tocó mi puerta. Era mi Papá. Me invitó a tomar un café. Feliz y emocionada acepté, porque tenía mucho tiempo de no verlo. Me llevó a un jardín hermoso. Por donde voltearas habían árboles frondosos, flores y aromas inconfundibles de la naturaleza, que al momento de inhalarlos se relaja el cuerpo. Nos sentamos en una mesa blanca, grande, con garigoleados y un vidrio grueso. La sillas eran del estilo, pero no me percaté si estaba cómoda o no. Yo solo lo veía a él con tanto amor y emoción por tenerlo frente a mi. Se veía radiante y jovial, vestido con su típico pantalón café y camisa de manga corta beige. Era una mañana fresca, el sol nos alumbraba, sin quemarnos, todo era muy agradable y él no dejaba de sonreírme. Ambos con un café americano en una taza blanca, me preguntó:
_ “Y bueno, dime, como no he podido verlos, quisiera que me platicaras sobre tu Mamá y hermanos. ¿Cómo están?, ¿cómo está Sofi (la primera y única nieta por el momento)?, ¿qué hacen, a qué se dedican?”
_ “Uy, no sé ni por donde empezar.”
Comencé a narrarle, como si fuera una novela, la vida de los integrantes de mi familia. No percibí cuándo pasó el tiempo. Sólo él sonreía, reía, fruncía el seño, daba un sorbo a su café, colocaba su mano gruesa y masculina en la cara cuando algo que escuchaba le preocupaba. Conforme lo empapaba de cada historia, le surgían más preguntas con mucha curiosidad e interés. Al verlo, más feliz le contaba los detalles que me pedía. Transcurría una plática como pocas en mi vida he tenido, de esas que no quieres que se terminen y que no te das cuenta si hay alguien más alrededor. Simplemente exquisita. Escuchar su voz me estremecía la piel, volver a ver sus ojos me llenaron de nostalgia y tenerlo junto a mi otra vez fue un gran regalo.
café corazónComo todo en la vida, el tiempo terminó, las tazas estaban vacías y era momento de despedirnos. Nos levantamos y le dio un abrazo tan fuerte, que me tatué en su pecho, olí su transpiración y cerré mis ojos para grabarme ese olor y ese instante.
De pronto algo me molestaba en el oído, un ruido que no sabía de donde provenía. Cada vez era más molesto, hasta que abrí mis ojos. Miré alrededor.
_”¿Dónde estoy?”, me pregunté.
Volteé a mi derecha y era mi despertador el sonido que me aturdía. Di un gran suspiro por haber tenido uno de los sueños más lindos que en la vida he tenido. Todo el día pensé y sentí el abrazo que le di a Papá. Llevaba 18 años de no hacerlo, después de haber fallecido.
Todos los días le pido que vuelva a invitarme a tomar un café y llevarme a ese jardín, que seguramente es el paraíso.
Por otro lado, veo a Mamá y la abrazo igual que en mi sueño a Papá, porque no quiero que me pase lo mismo cuando ella se vaya. La valoro más y le tengo más paciencia porqué sé que es la única que me queda y no sabemos cuándo nos arrebatan la respiración.
Todos se quejan de los achaques de la edad de los padres, la obsesión de su mente, la imprudencia de su inconciencia, su decrecimiento, su lento caminar y poco escuchar. Qué va. Me hago de la vista gorda y me repito “no sé cuándo se me vaya, mejor disfrútala” y recuerdo mi deseo invaluable por escuchar una imprudencia de mi Papá o cuidar alguno de sus achaques.
Hoy daría lo que fuera para tomar un café con Papá.

One Response to Tomé un café con Papá

  1. SOFÍA dice:

    Hoy es cumple de mi mamá Tere….. gracias por recordarme que en cualquier momento nos pueden llamar a emprender “El viaje”. TE QUIERO!!!

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