El sentido de la existencia contra la realidad

Con gran ilusión me subo a ese avión, cargada de mil tonterías para que mis dos hijos no padezcan nada, rumbo a Mérida, Yucatán. Esa tierra maya siempre la quise visitar y por fin se me cumplía. Mi forma de viajar, antes de tener hijos, era lo más ligera posible, caminar hasta sentir adormecidas las piernas, leer y descubrir el rincón más tradicional del lugar y beber hasta la última gota de su energía. En esta ocasión, con mi gran entusiasmo por hacer lo mismo comenzó a desmoronarse al ver que fuimos los últimos en bajar del avión por tantas cosas que llevábamos y recuperar la carriola de los niños.
Al llegar al hotel, el aire que respiré de vacaciones fue muy frustrante y contradictorio. Por un lado, contenta de estar con mi familia paseando y conociendo un lugar nuevo, pero por otro, consolándome a mi misma por el tipo de viaje que ya veía tener. En efecto, primer día, caminando en el centro, feliz viendo los lugares antiguos, el rostro de las personas y de repente algo me interrumpe abruptamente: el llanto de mis dos hijos porque les empezó a dar fiebre. Bueno, regresa lo más pronto posible, con los brazos entumidos por cargarlos dormidos, al hotel para atenderlos y darles medicina. Tomé tres fotos para no decir que no conocí nada del centro y me tuve que sentir satisfecha con los edificios bonitos que vi de lejos sin saber de qué eran y sin entrar.

IMG_2397Mi esperanza no moría, bajé al otro día para preguntar al conserje del hotel información sobre el tour a Chichen itza, que me emocionaba muchísimo saber que estaba cerca de conocer una de las nuevas maravillas del mundo. ¡Sorpresa! El hombre al ver mi tropa, preguntó:
– “¿Viene con sus hijos?”
– “Sí”, le respondí muy orgullosa
– “Pues, honestamente no le recomiendo ir a ningún tour de este tipo, porque es demasiado caminar (y en mi interior yo decía: “¡sí, es lo que quiero!”) y bajo el sol, sus hijos no van a aguantar y se van hasta sentir mal. No va a disfrutar el paseo, le recomiendo otro destino, como ir a la playa y conocer un senote.”
Mi esencia, mis ganas, mi mundo, mi libertad, mi ser cayeron en un abismo de una nueva realidad. Sentía mi presente como una jaula que me encerraba y apretaba “mis alas”. Una profunda tristeza me invadió y a la vez, veía la carita hermosa de mis hijos que me hizo sonreír y animar, a pesar de todo. ¡Qué contradicción! Nadie nos dice cuánto cambia la vida, hasta el más mínimo detalle, al formar una familia. Pensamos que les vamos a enseñar nuestra forma de viajar, en este caso, y nada que ver. La forma de disfrutar es completamente otra y debemos adaptarnos a como dé lugar para que los hijos estén felices. Pero aquí me detengo por un momento y me pregunto: “¿Y dónde quedo yo?, ¿qué hago con mis ilusiones y mis ganas de viajar como antes?, ¿dónde dejé mi esencia?, ¿será que el casarse y tener hijos, como mujeres sobre todo, nos abandonamos?
Justo a mi regreso, continúo leyendo el libro que dejé pendiente, “Francesco, El Llamado”, de Yohana García, y me dio un mensaje muy claro:
“Ya te dije que el único abandono que tienes que temer es al propio, ¡los otros qué te tienen que importar!”
Concluí que la rutina, la nueva realidad de ser el pilar de un hogar, la seguridad y el mundo completo de una pequeña criatura, nos traiciona y nos lleva a una selva desconocida, donde olvidamos quiénes somos, qué nos gusta, qué nos apasiona y hasta dejamos de buscar nuestros tiempos libres.
Y por eso escribí esta experiencia y quiero compartir con las mujeres que se identifiquen conmigo mi reflexión. Criar a seres humanos es una tarea muy complicada, mucho más de lo que nos habrían dicho, es un trabajo que no tiene descansos ni horario. Sin embargo, no es la única misión por la que estamos en esta vida. Tenemos una esencia, una pasión, un sueño, y no debemos renunciar a ellos, por muy lejano que lo veamos. Aunque cueste el doble de trabajo que antes, levantémonos cada mañana para hacer por lo menos una cosa que nos llene, nos motive y haga recordar nuestra esencia. Mi enseñanza de este viaje es: “Acepto y disfruto lo que tengo hoy y a pesar de mi nueva realidad, no permitiré abandonarme a mi misma.”

5 Responses to El sentido de la existencia contra la realidad

  1. Ana Luisa Tena Salim dice:

    Tere mil felicidades por esta nueva etapa en tu vida, poder complementar todos los roles que te están tocando vivir en estos momentos, todo se puede disfrutar, y lo mejor es tu actitud siempre positiva y alegre. Que Dios Nuesto Señor te siga llenando de Bendiciones y logros como Esposa, madre, escritora y tan linda amiga. Tqm.

  2. SOFÍA dice:

    GRACIAS TERE POR RECORDÁRMELO OTRA VEZ!!!. Yo no tengo hijos pero lo mismo me pasa con el simple hecho de vivir corriendo, el trabajo, los compromisos, tantos “pendientes” que me adjudico… lo último que me doy es tiempo para mi, para chiquearme, para estar ¡incluso para viajar!.

    El otro día escuché una frase que me gustó mucho que cabe muy bien aquí:

    “No siempre se puede tener lo que uno quiere pero SIEMPRE SE PUEDE QUERER LO QUE UNO TIENE”.

    Abrazo!!!

  3. Rubén Egeo dice:

    Me encanta tu plums y la forma en que te presentas. Felicidades por subirte al barco, sibretodo siendo esposa y madre. Definitivamente, un ejemplo de lucha, de vida y de realización, el cual será un gran aprendizaje para tidas las mujeres… y por qué no???, para los hombres también. FELUCIDADES

  4. Miled Kuri dice:

    Muy bueno !!

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