¿Migrar a Australia? – Los depredadores migratorios

Ser migrante no es sencillo, nunca lo ha sido y nunca lo será, sobre todo si a los asuntos burocráticos y las tramitologías propias de cada país, le sumas esa interminable lista de chacales, de parásitos, de sanguijuelas, vividores, mezquinos y miserables seres que, habiendo sido, en su momento, también migrantes, decidieron olvidar su pasado, y vivir a expensas de la inexperiencia, de la necesidad y de la urgencia de quienes han decidido abandonar su tierra, en busca de una nueva y mejor oportunidad.

Ellas y ellos están por doquier, son, al igual que tú, forasteros, paisanos latinoamericanos –mayormente- que no solo hablan tu mismo idioma, sino que también, siempre tienen una ‘gran’ oportunidad por ofrecer, te comprenden casi a la perfección y, casualmente, siempre te dirán lo que necesitabas escuchar, pero la realidad es otra, son depredadores que aprendieron a ‘ganarse la vida’ a costillas de quienes tienen una ilusión, es decir que, tristemente… solo están detrás de tu dinero (la mayoría) y de tu tiempo (los menos)

Y te van a ofrecer trabajos y oportunidades difíciles de rechazar donde, generalmente, la ‘inversión’ inicial debe provenir de tu bolsillo, donde probablemente te ahorres no solo tiempo sino cientos o miles de dólares por medio de sus artilugios administrativos, educativos y laborales o bien, simplemente te veas beneficiado con la debida aceptación a su ‘creciente’, ‘única’ e ‘inigualable’ red de contactos local.

Los hay de todos los sabores y colores; chilenos, ecuatorianos, irlandeses, tasmanenses, filipinos, australianos (incluso), españoles, colombianos, mexicanos y de sal y de manteca, algunos te pedirán dinero para inscribirte a sus clubes sociales (los menos inteligentes y los más hambreados), otros se mostrarán demasiado amigables y comprensivos (sospechosamente amigables y comprensivos), te citarán en algún sitio público, te contarán su maravillosa experiencia de vida donde, tras un sinnúmero de fantásticos traspiés, finalmente consiguieron la estabilidad ‘soñada’ vendiendo equis, ye o zeta producto y/o servicio, mismo al que -para poder tener acceso de manera ‘exclusiva’- debes afiliarte por tan solo 100, 150, 200, 300 o más dólares y así, ser parte de uno de los más distintivos y lucrativos grupos de vendedores súper exitosos que forran, de cabo a rabo, el mentado país (espero que hayas notado el sarcasmo en la narrativa) y algunos más, los más amañados, los más ruines y miserables, te invitarán, sin mayores aspavientos, a una oferta de trabajo o a una oportunidad de colocación académica, completamente fuera de lo legal (finalmente, las autoridades australianas solo prestan atención y se ocupan de los problemas de los ausis) donde probablemente terminarás trabajando como bestia de carga o perdiendo tu tiempo en un internship, en un trial o en un curso patito, algunos te pagaran y algunos no, algunos te darán el documento prometido y algunos no -eso ya depende de la bajeza acostumbrada por tu contratante, por tu reclutador o por tu nuevo ‘amigo’-, pero indefectiblemente todos, se llevarán a la boca –y pondrán en la boca de sus hijas y de sus hijos y de sus parejas- día a día, el producto que arroja el sudor de otras frentes, porque, en algún punto de su proceso migratorio, perdieron lo único que nos distingue de los animales y de los asesinos seriales… la empatía, ese tipo de inteligencia que nos hace verdaderamente humanos y humanitarios y que impide que nos convirtamos en ese despreciable puñado de depredadores sociales, de carroñeros que ellos son.

Así que, si de migrar a Australia se trata (y a cualquier parte del mundo), lo mejor que puedes hacer es acercarte a aquellos compatriotas que ya están establecidos en esa tierra, algunos estarán dispuestos a asesorarte y algunos no, abrir bien los ojos y las orejas para detectar a aquellos que solo están a la caza del dinero fácil y comprender que uno o dos errores, no son el mejor indicador del éxito o el fracaso al que eres merecedor.

Ser migrante no es sencillo, nunca lo ha sido y definitivamente nunca lo será, pero es muchísimo más enriquecedor que seguir viviendo desde el interior de nuestra zona de confort.

¿A poco no?

Antonio Andrade
Poeta, Periodista y Escritor mexicano

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